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Competencias docentes para enfrentar la Sociedad del Conocimiento

La docencia en situaciones complejas

Los momentos más significativos para quien enseña, son cuando percibe en los demás una expresión, una sensación de “ayúdame a aprender, ayúdame a saber vivir” En esta primera década del arranque del siglo XXI, se observan rumbos tan diversos para la educación institucional, que no es posible ubicar un perfil único y permanente con respecto a los docentes; para las situaciones no previstas, más allá de competencias operativas específicas, se requerirá de cualidades fundamentales y formación científica de donde deriven los principios metodológicos que posibiliten enfrentar las situaciones inciertas.

Las modalidades, como variantes de un modelo educativo, se distinguen por la diversidad de circunstancias en que suceden y los recursos peculiares con que se cuentan en cada una de ellas, pero no necesariamente determinan cambios en la esencia de los procesos educativos. Con base en esta afirmación, los cambios esenciales en el perfil docente son determinados por las transformaciones en los modelos educativos y académicos, que inciden en las relaciones de fondo que se dan en su interior y con su entorno.

De acuerdo a estas consideraciones la temática a tratar en este escrito se enfocará a la complejidad del ejercicio de la docencia considerando: a) el carácter cambiante del perfil docente por el desarrollo y ejercicio de esta profesión; b) las múltiples dimensiones que caracterizan este trabajo; c) la diversificación de sus funciones ante la diversidad de condiciones para su ejercicio; y d) lo incierto de las situaciones a enfrentar.


La formación de los rasgos profesionales con que se afrontan estas situaciones se debe a varios factores, entre ellos: la propia historia personal, cuando se forman sus cualidades; la preparación recibida en las instituciones formadoras de docentes, tanto en su titulación como en los programas de actualización; las influencias del contexto cercano y la historia de las instituciones donde se labora. Dichas cualidades se fusionan en los saberes docentes que se manifiestan en las prácticas cotidianas, tales como los conocimientos de los estudiantes y sus modos de aprender, los conocimientos disciplinares, el conocimiento y manejo de tecnologías, y la habilidad para propiciar ambientes favorables para el aprendizajes.

La síntesis de esos saberes y prácticas se acrisola en una docencia que es significativa en la medida en que trascienden las relaciones educativas, en el logro de expectativas, los modos de aprender y, sobre todo, en su reflejo en los modos de vivir. Referentes conceptuales: Perfiles docentes, complejidad, significación, relaciones educativas, historia y cultura de la educación.

Con el propósito de compartir conocimientos y experiencias derivadas de una gran diversidad de vivencias docentes en todos los niveles y diferentes modalidades educativas, en este escrito me permito la libertad de escribir en primera persona para intentar, esperanzadoramente, un mejor acercamiento entre quien escribe y quienes lo lean.

El interés por tratar el tema de la docencia dentro del entorno de complejidad en que suele desarrollarse, es debido a que, desde mi punto de vista, uno de los grandes errores sociales y de algunas instituciones educativas, es que se le vea, con gran simpleza, como una profesión u oficio técnico sencillo, para el que basta aprender algunas recetas y desarrollar algunas destrezas básicas para su desempeño. Tal simpleza aún se observa en los programas oficiales de formación y actualización magisterial, que suponen como suficiente el aprendizaje de ciertas fórmulas docentes para su aplicación a todas las situaciones educativas, que también se toman como ciertas; sin embargo, la incertidumbre, diversidad y multidimensional dad de éstas, se encargan de desmentir las presunciones oficiales, y nos hacen percatarnos de y sentir la necesidad de propuestas más adecuadas a la complejidad de las condiciones educativas que arroja la realidad.

Una mirada histórica a los modos de ejercer la docencia, permite ver sus continuidades y rupturas. Si bien vemos intentos de innovación, en general no dejan de observarse las marcas históricas del pasado, por las rutinas difíciles de revertir, cuyas inercias siguen presentes en las tendencias actuales de la educación institucionalizada.

Se parte de la premisa de que las modalidades, como variantes de un modelo educativo, se distinguen por la diversidad de circunstancias en que suceden los procesos educativos y los recursos peculiares que requieren cada una; pero no necesariamente determinan cambios en la esencia de dichos procesos. Con base en esta afirmación, los cambios fundamentales en el perfil docente no los determinan las modalidades educativas, sino las transformaciones en los modelos educativos y académicos, por las necesidades en la formación, el perfil de los estudiantes y las condiciones en que se desarrolla la labor docente y su incidencia en las relaciones de fondo que se dan en su interior y con su entorno.

Para ello he retomado fragmentos de diversos escritos, algunos ya publicados; para empezar un trabajo titulado “Perfiles docentes en las diversas modalidades educativas. Una visión desde la educación a distancia”, por ser este espacio un lugar donde convergen docentes de diferentes historias institucionales, que al llegar a un programa educativo que en cierta manera les obliga a repensar y rehacer sus modos de ejercer su profesión, se les presenta la ocasión de decidir qué conservar de los saberes y habilidades con que se incorporan y qué deben renovar y aprender.

La docencia en los albores del siglo XXI, que sirvieron de base para algunas conferencias; otros documentos de trabajo como “Perfiles docentes ante la diversificación”; y algunos más que quedaron como apuntes inéditos, como“ La vergüenza de ser profesor”;escritos que recogen reflexiones de estudios y experiencias vividas y conocidas que, en intentos de convertir en conocimientos más o menos ciertos, aunque con la conciencia de su fragilidad, me atrevo a plantear, con base en ellos, algunas premisas que al menos sirvan de punto de partida a esta obra que deseo participar a quienes comparten conmigo el oficio de la docencia:
  • A) La educación como proceso integral y permanente de incorporación y recreación cultural es algo natural e inherente a la humanidad, mientras que su institucionalización, que se refleja en los sistemas de escuelas, es un proceso histórico que como surgió, se transforma y puede desaparecer.

  • B) En ese orden de ideas, todos los seres humanos somos educadores y educandos. Al institucionalizarse la educación, algunos se convierten en educadoras y educadores profesionales y otros en estudiantes formales.
  • C) En esa situación, los docentes profesionales tienen como principal función: ayudar a aprender.
  • D) El ejercicio de la docencia profesional es un hecho complejo que se caracteriza por la diversidad de factores que la influyen, la multidimensional dad de los aspectos que hay que considerar y la incertidumbre de las situaciones que se deben enfrentar.
  • E) La tarea docente es un asunto de alta complejidad en el que deben realizarse diferentes funciones, para cuyo cumplimiento se requiere de distintas competencias profesionales y cualidades personales intangibles que, en conjunto, podríamos llamar “el arte de educar”. La formación de los rasgos que van perfilando esta compleja profesión, se van dando en un proceso en el que influyen múltiples factores, entre ellos: la propia historia personal; la preparación recibida en las instituciones formadoras de docentes; las influencias del contexto cercano y la historia de las instituciones donde se trabaja, factores que son tratados en este documento.
El análisis y reflexión sobre estos procesos plasmados en experiencias y conocimientos nos lleva a algunos aprendizajes profesionales, que son la base de las propuestas que se presentan. Desde esa ubicación, la docencia y la reflexión sobre las experiencias vividas y conocidas en las acciones para la formación y actualización de profesoras y profesores nos aportan ciertos indicios que conviene no perder de vista en las decisiones y acciones consecuentes que se llevan a cabo en este campo, aun cuando es posible que a primera vista parezcan muy obvios y repetitivos, e incluso desgastados, por el discurso algunos conceptos, pero no por ello deslegitimados por la práctica. En este sentido, la invitación es a lograr su significación y a que los consideremos entre los principios que sirvan como puntos de partida en situaciones que se caracterizan por su incertidumbre que engloba una intención: “Por una docencia significativa en entornos complejos”.

Para su comprensión se aborda la complejidad, detallando los cuatro conceptos básicos que la caracterizan: la diversidad, la incertidumbre, la multidimensional dad y el carácter cambiante de las situaciones de la docencia, lo que da lugar a la necesidad de desempeñar diferentes funciones que, a su vez, requieren de una gran diversidad de cualidades personales, algunas veces intangibles, así como competencias profesionales. Se toma en cuenta la formación recibida como producto de diversos factores, entre ellos: su historia personal y de las instituciones donde se labora, la formación institucional para la docencia y las influencias del contexto cercano. Se aborda la formación que da origen a los saberes docentes como: el conocimiento de los estudiantes y sus modos de aprender; las diversas teorías que explican el aprendizaje; el conocimiento disciplinar, el de manejo de tecnologías y el saber propiciar ambientes favorables al aprendizaje; y, principalmente, con base en la conjunción de estos saberes docentes, el convertirse en un facilitador del aprendizaje.

El escrito continúa con algunas propuestas con respecto a los rasgos profesionales requeridos por los docentes ante la complejidad de las situaciones del presente y del futuro que, si bien no podrían ser generalizables, sí pueden ser de valor como referentes para una mejor comprensión y práctica de la docencia profesional, una docencia significativa que trascienda en las relaciones educativas, las expectativas logradas, los modos de aprender y, en consecuencia, los modos de vivir. Experiencias en formación docente En el caso de la República Dominicana, como en otros países de América Latina, históricamente se ha hecho más énfasis en la formación de profesores de educación básica que en educación superior.

Entre estas modalidades destacamos, para efecto del presente ensayo, la educación en ambientes virtuales, y las maneras en quela docencia, en esta modalidad, se encuentra ante varias alternativas en relación con otras modalidades consideradas como otros ámbitos de trabajo de los mismos docentes. Con el avance de las tecnologías de la información y comunicación aplicadas a la educación, cada vez vemos a más profesores en la disyuntiva de continuar con sus prácticas y estilos docentes tradicionales, o aprender a incorporarlas en su trabajo cotidiano; esto se hace más notorio en las instituciones que, habiendo trabajado siempre en ambientes áulicos, ahora están o quieren incursionar en los ambientes virtuales de aprendizaje y desde ahí a la educación a distancia.

Esta circunstancia lleva a las instituciones a tener que decidir, si trabajar con los mismos profesores y que éstos se habiliten en una práctica multimodal o reclutar docentes diferenciados para cada modalidad. La mencionada situación es muy común en cualquier modalidad educativa, aunque se evidencia de especial manera en las modalidades no convencionales, como lo hemos vivido en universidades, con docentes de diversa procedencia, sean de otras entidades académicas de la propia universidad o de otras instituciones; lo cual conlleva a implementar diversas maneras de seguimiento y evaluación al desempeño, por las diferencias en las tareas que realizan.

Para el análisis de la situación educativa actual y las tendencias en sus diversas modalidades, se requiere partir de una visión de las distintas dimensiones de la educación institucional, tales como las políticas educativas, la gestión de las instituciones escolares y el ejercicio de la docencia, en un contexto que se caracteriza por: sus fuertes tendencias al globalismo, la apertura económica y su incidencia en las políticas educativas, el creciente desarrollo de la ciencia y la tecnología, el crecimiento de la importancia de la información y el conocimiento en todos los ámbitos sociales y, como consecuencia de todo ello, la variedad de modalidades que pretenden dar respuesta a la compleja demanda de servicios educativos.

En el siguiente esquema se expone una idea gráfica de la gran complejidad en que deben desempeñarse las tareas docentes, considerando desde los factores que inciden en la conformación de sus rasgos profesionales, hasta las funciones que debe desempeñar y las cualidades personales y profesionales que debe desarrollar para desempeñar su trabajo lo mejor posible en cada contexto, con sus propias peculiaridades. Maestros del Siglo XXI a la Vanguardia de la Educación Toda acción del maestro ha exigido una transformación profunda y trascendental a lo largo de la historia de la educación.
La educación de cara a los tiempos modernos se fundamenta en el ideal de perfeccionamiento tanto del hombre como de la sociedad. El docente debe de estar consciente de su rol. Su tarea principal es educar a sus alumnos y su gestión debe estar centrada en el desafío que conlleva transmitir un cúmulo de contenidos a cada alumno. El docente debe estimular en el educando el desarrollo físico, emocional, intelectual, social, ético y espiritual. A través de los tiempos el docente es visto como un modelo de la sociedad.

Davini (1997) indica que el docente debe buscar su continuo crecimiento profesional. Para un buen desempeño en su quehacer educativo el docente tiene que pensar en enriquecer su acervo profesional y los fundamentos de su conocimiento, destrezas, métodos educativos y pedagógicos. A mayor educación del maestro mayor serán los beneficios en el proceso de desarrollo educativo y cognitivo de sus alumnos.

Freire (1993) dice que el docente no debe dejar a un lado lo que el estudiante trae consigo de su comprensión del mundo; su manera de hablar, su manera de contar, calcular, sus saberes en torno a su mundo, su religiosidad, sus saberes en torno a la salud, el cuerpo, la muerte, el sexo, los conjuros, el ambiente y la tecnología.
Por tanto el docente debe concebir el salón de clases como el lugar donde investiga, experimenta, modela, se comparten ideas, se toman decisiones para la solución de problemas y se reflexiona sobre lo que es necesario y pertinente aprender.

Para los estudiantes de centro donde se imparte educación básica el docente es visto como un modelo que inspira confianza al cual los niños tienden a imitar. Es un modelo dentro del proceso de enseñanza y aprendizaje de los estudiantes.

Esto significa que el docente en el escenario educativo tendrá que modelar conductas dignas, pertinentes, valiosas y apropiadas de un individuo debidamente educado. Por ésta razón el docente debe reflexionar sobre sus debilidades y fortalezas con el propósito de mejorar su auto-desarrollo como un profesional educado y altamente cualificado.

De ahí la importancia que tiene el rol del educador, pues debe modelar un código correcto de valores morales e intelectuales que son valiosos para la sociedad e imprescindibles para los alumnos.
Es preciso reconocer que existen ciertos elementos que influyen directa o indirectamente en la gestión educativa del maestro como: la cultura, los problemas sociales, la economía, la política, la geografía y el ambiente.

Además existen factores propios del escenario educativo como: la infraestructura, los recursos didácticos, los textos, el sistema de evaluación, el currículo, el control de grupo, la disciplina, la organización escolar entre otros.

Davini (1997) dice que ante este panorama surge la preocupación por la calidad de la educación y considera el impacto del papel que desempeña el docente en el proceso de enseñanza y aprendizaje, pues, el docente debe equiparse cognitivamente para superar las limitaciones propias del escenario educativo.

El docente ante un mundo globalizado debe auto-reconocerse como un estudiante de por vida. Aunque la imagen del cambiado a cambiado al pasar de los tiempos al igual que su mentalidad y sus necesidades profesionales. El docente debe aspirar a continuar estudios post graduados con el propósito de adquirir herramientas teóricas, prácticas didácticas y tecnológicas modernas que le ayuden a fortalecer su labor.

De igual forma el sistema educativo actual solicita un docente diferente. Un docente que posea cultura y que se distinga como profesional idóneo y debidamente preparado que pueda impactar de manera positiva la sociedad, el centro educativo, el currículo, la planificación de la enseñanza y sobre todo la vida de sus alumnos.
El docente altamente cualificado se caracteriza por tener conocimiento amplio sobre el crecimiento, el proceso de desarrollo y aprendizaje de cada niño. De esta forma pone en práctica nuevas estrategias y técnicas de enseñanza, que aporten positivamente el proceso educativo y de aprendizaje dentro del salón de clases. Freire señala que un docente cualificado ante un mundo globalizado es capaz de adaptarse al uso del espacio, los materiales y al uso y manejo del tiempo según las necesidades de los estudiantes.

Un pedagogo altamente cualificado tiene la habilidad para comunicarse eficazmente con los niños, con sus colegas, con los padres y demás dentro y fuera del escenario educativo. Es ávido a trabajar en cooperación y colaboración con otros. Establece y entiende programas educativos eficaces. Un maestro bien preparado utiliza una variedad de destrezas, estrategias y métodos de enseñanza que estimulan el aprendizaje de todos los estudiantes.

Según Freire el docente que domine las áreas antes mencionadas es un educador capaz de auto-evaluar su labor, implementa y es un ente que propicia cambios.

En pleno siglo XXI el sistema educativo, la sociedad, los padres y los alumnos demandan por un maestro idóneo, culto y debidamente preparado que sirva como ente de cambio. Un profesional, educado que facilite y guíe a sus alumnos por el camino del saber.

El docente que la sociedad de hoy día busca debe ser realmente un profesional comprometido capaz de generar cambios en cuanto a los procesos de capacitación e investigación en las escuelas de su país, estado y nación.

Todo este planteamiento pretende ser un cuestionamiento radical sobre las perspectivas del maestro para futuro que tiene la intención de no caer en otra idealización o fantasía de algo que se conoce como el maestro perfecto.

La educación por ser dinámica no necesita maestros perfectos sino maestros de vanguardia. Docentes que busquen constantemente renovar sus conocimientos con el propósito de ajustarse a los cambios de un mundo tan dinámico como en el que vivimos.

Algunas opciones para estimular la capacitación continua del docente idóneo, preparado y de vanguardia son: la educación continuada, seguir estudios post-graduados, realizar investigaciones de las prácticas docentes, pertenecer a equipos de investigación, diseñar currículo, estimular el uso de la tecnología en el proceso instruccional y recibir la supervisión adecuada de profesionales de la educación.

  • La educación continua se refiere a cursos, talleres, orientaciones y adiestramientos a corto plazo con temas de interés actual que ofrecen las instituciones de educación superior con el fin de ayudar en la formación, capacitación y preparación del docente.
    La educación continua facilita conocimientos, experiencias, ideas y aportaciones de colegas así como de expertos en el escenario pedagógico.
    Los diversos servicios de educación continua buscan aportar ideas a los educadores para que estos puedan adquirir un fortalecimiento del saber general.
  • El docente es un estudiante de por vida y debe atemperar sus conocimientos a la vanguardia y demanda de los tiempos. Un buen profesional busca continuar su capacitación profesional en una institución universitaria acreditada de su preferencia para continuar estudios post-graduados en el área de su especialidad.
    Un docente con estudios post-graduados enriquece, crece dentro de su carrera magisterial fomenta cambios positivos al sistema educativo de su país.
  • Los equipos de investigación docente fomentan la responsabilidad del maestro y estimulan la revisión y reflexión del trabajo que realiza.
    Por medio de la sistematización y la investigación el docente amplía sus marcos de interpretación y puede aportar ideas para mejorar su labor educativa. A su vez puede desarrollar y construir teorías y prácticas dirigidas a la innovación mediante la implantación de programas y propuestas educativas.
  • Las investigaciones y prácticas docentes deben alinearse, estudiarse y comprenderse en el contexto institucional y sociocultural de lo contrario caeríamos en un enfoque tradicional, sin pertinencia y vacío. Los equipos de investigación buscarán siempre soluciones pertinentes a los problemas actuales que atentan en contra del proceso educativo.
    En relación a este tema Carr (1996) expresa que en las instituciones formadoras de docente buscan crear el carácter reflexivo, crítico e investigativo que es un medio para el crecimiento académico individual y colectivo. El mismo busca generar y producir entes de cambios positivos, idóneos y preparados para presentar soluciones ante los problemas educativos de hoy.
  • El docente es considerado un diseñador de currículo instruccional. Goodson (2000) señala que el maestro selecciona el tema o temas de estudio y las estrategias de enseñanza partiendo de las necesidades e intereses de sus estudiantes.
    A su vez el educador debe considerar las necesidades de la sociedad y las recomendaciones que formulen los investigadores, conocedores y especialistas de currículo. El conocimiento y dominio que el docente tiene de los estudiantes a su cargo le permitirán tomar decisiones curriculares adecuadas y bien informadas.
  • El educador de vanguardia debe conocer y saber manejar los diversos medios tecnológicos. El conocer y manejar la tecnología educativa e informática ayudará al maestro a preparar programas de capacitación y actualización del docente.
    El docente por tanto debe conocer sobre el uso y manejo de los videos, software, discos compactos, cámaras digitales, entre otros. Sánchez (2000) puntualiza que la tecnología es una herramienta muy poderosa pues sus efectos dependen de su uso, manejo y enfoque pedagógico de acuerdo a los objetivos del programa de enseñanza.Esto significa que el maestro debe dominar y conocer el uso de la tecnología educativa e informática ya que ésta debe complementarse con la construcción del pensamiento crítico. Una vez los maestros conocen los beneficios de la tecnología pueden implantarla con sus alumnos en el salón de clases.
  • El maestro debe modificar su percepción en relación al rol de la supervisión dentro del proceso educativo. La supervisión llega a la sala de clases para ampliar lo que ocurre en el salón. La supervisión es un ente colaborador y un ente facilitador de estrategias y sugerencias educativas que redunda en beneficio a los niños.
La supervisión es un aliado que facilita técnicas que promueven cambios positivos en el proceso de enseñanza y aprendizaje así como en el escenario escolar.

Latorre (2003) establece que el maestro de hoy se enfrenta a grandes desafíos. La sociedad es dinámica y se encuentra dentro de un mundo cambiante. Por tanto es imperativo que los maestros se preparen desde una perspectiva de formación constante.

El docente debe entender que como educador del siglo XXI es responsable de su auto-formación, auto-desarrollo y auto-aprendizaje. Los maestros son seres humanos que trabajan para la formación de otros seres humanos.

A su vez los maestros son estudiante de por vida. Y tienen en sus manos la responsabilidad de fortalecer su rol actualizando sus conocimientos, destrezas, métodos, estrategias, teorías y prácticas pedagógicas. Es pertinente fomentar el uso de las herramientas didácticas-tecnológicas modernas que permiten enfrentar los retos de nuestra sociedad.

Al presente el sistema educativo y la sociedad necesitan maestros comprometidos que posean una cultura general que los distinga como profesionales idóneos, debidamente preparados a la vanguardia de los nuevos tiempos.

El maestro hoy día tiene que enfrentarse al desafío de enseñar a sus estudiantes mediante una educación ajustada a los cambios que enfrentamos en el quehacer educativo.

La sociedad del siglo XXI necesita y busca maestros comprometidos que sirvan de modelo para el desarrollo integral de los estudiantes que son el futuro de nuestra sociedad, nuestra nación y nuestro mundo.


Desafíos del nuevo escenario educativo

Introducción

El cómo formar a los niños y jóvenes anticipándose al futuro se ha transformado en uno de los mayores desafíos que enfrentan los gobiernos y la educación hoy. La generación que este año ha ingresado a nuestro sistema escolar tendrá posibilidades de terminar su educación media en el año 2010 y vivirá en un mundo completamente diferente del actual, que plantea requerimientos nuevos a la educación de hoy.• La educación actual afronta múltiples retos. Uno de ellos es dar respuesta a los profundos cambios sociales, económicos y culturales que se prevén para la “sociedad de la información".

3. ¿Medios de conocimiento?• El maestro y el libro ya han dejado de ser los únicos medios a través de los cuales los niños, jóvenes y adultos, reciben el conocimiento y aprenden. La televisión, la computación, los CD ROM y la navegación por Internet, han irrumpido en las aulas y en los hogares.• Los medios de comunicación escritos están dando paso a los medios de comunicación electrónicos. Las noticias hoy son conocidas instantáneamente y seguidas paso a paso, ya sea por televisión o internet.
4. • Muchos padres de familia no saben cómo enfrentar la tarea educativa que les corresponde empezar en el hogar. Los educadores y educadoras, en los jardines infantiles, escuelas, colegios y liceos se enfrentan, cada día, a nuevos desafíos en su labor de orientadores, guías y formadores de niños y jóvenes.• Por lo general, los niños y jóvenes van a las escuelas, colegios o liceos que los padres les eligen o pueden enviarlos, que no siempre son a las que ellos quisieran ir.
5. El nuevo escenario en que se educan los niños y niñas de hoy• Vivimos en un mundo cada vez más interdependiente, en que el proceso de globalización está transformando profundamente la vida en la sociedad contemporánea, bajo un triple impacto: - El espectacular avance científico y tecnológico - La internacionalización de las economías y sus efectos en las economías nacionales o locales - La revolución de la tecnologías de la información y comunicación
6. • Estamos viviendo, como se reconoce, en una “sociedad de la información”, en que el acceso a la información y su control y uso constituyen la clave para el desarrollo de las sociedades y el éxito de los individuos. La Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, establecida por la UNESCO a principios de 1993, y presidida por Jacques Delors, señala en su Informe publicado en 1996, que “la educación debe contribuir a democratizar la información y el conocimiento, debe proporcionar las herramientas para que los niños, los jóvenes y adultos, puedan acceder a los avances de la ciencia y la tecnología”.
7. • Más allá del desarrollo económico, la educación debe servir para promover el desarrollo humano, para mejorar y enriquecer la vida de todos los seres humanos. La Comisión plantea, además, que “es tarea esencial de la educación la de contribuir al desarrollo total del individuo - espíritu y cuerpo, inteligencia, sensibilidad, sentido estético, responsabilidad personal, y espiritualidad-”. Educación significa etimológicamente, “sacar de” para “conducir hacia”, es decir, guiar hacia un fin, partiendo de una realidad concreta, y este fin es el último al que puede aspirar un ser humano en la realización plena e integral de su propio ideal, o sea, un absoluto de valores en un absoluto de Ser.
8. El aprendizaje un reto para toda la vida• Si bien la división de los sistemas de educación formal en tres etapas consecutivas (básica, media y superior), está ampliamente arraigada en todos los países, la Comisión de la UNESCO para la educación del siglo XXI, propone la adopción del concepto de aprendizaje a lo largo de toda la vida, como un principio guía para entrar al siglo XXI y se basa en cuatro pilares: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.
9. • A diferencia de los conceptos más tradicionales de "educación permanente o continua", la idea de la educación a lo largo de toda la vida sugiere una interdependencia mayor entre la sociedad, la actividad económica y los sistemas educativos tanto formales como informales, que permitan al individuo programar con mayor flexibilidad su curso de vida, aprovechar mayormente las oportunidades y posibilidades que se le presentan, y facilitar en diferentes etapas de la vida, el tránsito entre la educación, el trabajo y el ocio.• Hoy en día los indicadores de calidad de la educación han detectado la existencia de serios problemas en nuestra educación, que tienen directa relación con los resultados del aprendizaje. El problema de la calidad de la educación, no es un problema de cómo se enseña, sino un problema de cómo y cuánto se aprende.
10. Transformar la escuela en una organización en que todos aprenden, un gran desafío de la Reforma Educativa• La Reforma Educativa que hoy se lleva a cabo en nuestro país, pretende armonizar la formación de nuestros niños y jóvenes con los cambios profundos que afectan a la sociedad en los umbrales del siglo XXI. Es una Reforma que persigue, además, afectar paulatina y en forma global todas las dimensiones de la educación, la gestión de los servicios educativos, los insumos de tanto materiales educativos (bibliotecas, informática educativa) como de infraestructura escolar, el financiamiento del sector, así como el mejoramiento sostenido de las condiciones de trabajo de los docentes, principales artífices y protagonistas de la Reforma.
11. • Si bien se reconoce hoy que la escuela no es el centro único de educación, ya que existe un verdadero espectro de instituciones y organizaciones que buscan prestar un servicio educativo, sigue siendo el principal centro al que concurren los niños y niñas de nuestro país.• El centro tiene como objetivo primordial: el que todos los niños aprendan. Pero en la escuela no sólo aprenden los niños y jóvenes. En el centro aprenden todos. Aprenden las familias, aprenden los profesores, aprenden los directivos, aprenden los supervisores, aprenden los paradocentes, administrativos y personal auxiliar, incluso los padres, sostenedores y autoridades educacionales, es decir, aprendemos todos.
12. Necesidad de cambiar el centro tradicional-actual por otra más moderna y futurista• El centro educativo, realidad social inventada, se encuentra muy cuestionada en la actualidad por la forma en que entrega el servicio educativo. La escuela tradicional donde un profesor enseña a un alumno promedio (método frontal de enseñanza), enfrenta una cantidad de problemas y limita la posibilidad de ofrecer una educación de buena calidad que sea adecuada a las exigencias y nuevas demandas que se le hace.• El centro educativo necesita cambiar para responder positivamente a las necesidades del nuevo escenario en que vivimos y al desarrollo de los estudiantes, estimulando en cada uno de ellos, la autonomía intelectual, social y moral que les permita responsabilizarse de su propio desarrollo a lo largo de toda su vida.
13. Algunas diferencias centro Actual centro Moderno. Es tradicional Organización con un gran sentido de misión Es dependiente Más autónoma y flexible Es rígida Focalizada más en el aprendizaje que en la enseñanza Transforma la enseñanza en una Verifican permanentemente la organización de aprendizaje calidad de los procesos de los alumnos La verdadera educación se logrará en un centro en la medida en que en ella se cultiven valores.
14. CARACTERIZACIÓN DE los centros educativos TRADICIONAL Y FUTURISTA ESCUELA TRADICIONAL O ACTUAL ESCUELA FUTURISTA Escuela enclaustrada Escuela conectada con el entorno global Dependiente y con control externo Autónoma y con autorregulación Dirección unipersonal Dirección o gestión participativa Centrada en la enseñanza del profesor Centrada en el aprendizaje del alumno Disciplina impuesta. Disciplina concebida como autocontrol Evaluación cuantitativa y discontinua Evaluación cualitativa y permanente monitoreo del alumno Profesores con bajas expectativas Profesores con altas expectativas hacia sobre sus alumnos sus estudiantes Agrupación rígida de alumnos Agrupamiento flexible de alumnos Rigidez de horarios y poco Flexibilidad de horarios y maximización aprovechamiento del tiempo escolar del uso del tiempo escolar
15. El docente actor clave en un proceso de transformación educativa• La mayor parte de los procesos de transformación educativa en América Latina han priorizado la reforma institucional, bajo el supuesto que los cambios institucionales estimulan los cambios pedagógicos, tales como la definición de proyectos institucionales, la expansión de la capacidad de innovar y la diversificación de los procesos pedagógicos, adaptados a la diversidad social y cultural de la población.• Hoy existe consenso que uno de los componentes que permite mejorar los niveles educacionales del país, es el fortalecimiento de la profesión docente, lo cual significa mejorar tanto las condiciones de trabajo y salariales de los educadores, como los procesos de formación inicial y capacitación permanente en servicio.
16. • El docente está llamado a jugar un papel central en cualquier transformación educativa que se enfrente con miras a mejorar la calidad de la educación, pues debe ser quien primero internalice los cambios y mejoramientos que se desee implantar dentro de la sala de clases y con relación a la forma de participar en la elaboración y gestión del proyecto educativo institucional de la escuela.
17. El desafío de la gestión escolar en el nuevoescenario educativo: construir una nueva forma de hacer escuela• Si queremos tener una escuela moderna y proyectada al futuro, se hace necesario reorganizar los procesos de liderazgo y de toma de decisiones, para hacer de la escuela una verdadera comunidad escolar situada y con participación, que ofrezca una educación de calidad y tenga visión de futuro, para anticiparse a los cambios. El desafío es construir una nueva forma de hacer escuela, que más que un espacio físico, sea una organización de aprendizaje con una nueva modalidad de gestión, que permita situar a docentes directivos, profesores y alumnos como reales protagonistas del quehacer institucional.
18. • La gestión escolar es un conjunto de acciones relacionadas entre sí, que emprende el grupo directivo de una escuela para promover y posibilitar la consecución de la intencionalidad pedagógica -planteada en el proyecto educativo institucional- en y con la participación activa de toda comunidad educativa. Su objetivo es centrar-nuclear a la escuela alrededor de los aprendizajes de los niños y jóvenes. Su tarea es dinamizar los procesos y la participación de los actores que intervienen en la acción educativa.• En el marco de una gestión escolar participativa, la comunidad educativa toda (alumnos, profesores, padres, directivos, personal administrativo y de servicio) tiene en la escuela un poder real para proponer, disentir o innovar.

Competencias Docentes para Enfrentar la Sociedad del Conocimiento
Los avances científicos y la nueva economía global gestan la necesidad de adquirir nuevas competencias, en particular personales y profesionales, en los futuros ciudadanos y ciudadanas. Ante ello, es urgente la formación de actitudes, conocimientos y habilidades en el docente para afrontar exigencias y requerimientos de una sociedad del conocimiento que otorga un valor distinto a la información más allá de la mera transmisión. Esta reflexión de naturaleza documental hace un aporte a las instituciones formadoras del docente en este siglo XXI, ante el apremio de hacer frente a nuevos retos; asimismo, es viable como una alternativa al requisito de diseñar un perfil complejo que parta de la construcción, manejo y difusión de saberes y hacer es vinculados al uso de las TIC.
Desde este ámbito, el propósito es generar una visión holística de las perspectivas que constituyen la formación de este profesional (constructiva, reflexiva y humana) para dar respuesta a los requerimientos de una sociedad que se transforma en todos los órdenes y, por ende, demanda nuevas formas de pensamiento para manejar el cúmulo de información a la cual está expuesta; implica el manejo y posicionamiento de estrategias y herramientas para mediar entre la tecnología y el estudiante. Estos aportes brindarán espacios para generar aproximaciones a un perfil del docente venezolano desde una dimensión ética, participativa, comprometida y consustanciada con su quehacer pedagógico mediado por las TIC.
Se requiere una formación en las dimensiones del ser y el convivir, en las cuales la formación de principios como autonomía, libertad, respeto, responsabilidad, tolerancia, equidad, compromiso y solidaridad con sus pares, sean considerados rasgos fundamentales. Dejar de lado al profesional de la docencia desde concepciones mecanicistas, para entenderlo a partir de una visión integradora.
Los acontecimientos religiosos, científicos, políticos y culturales de las últimas décadas del siglo XX y comienzos del XXI, demandan cambios en el ámbito educativo y perfilan un currículo ajustado a la sociedad del conocimiento y a las transformaciones de un mundo globalizado. Esta imperiosa necesidad conduce a la búsqueda de una mejor calidad de vida en la que se visualice la educación como pilar fundamental para impulsar el progreso de las naciones, en los ámbitos social, económico, político y cultural, tal como fue expresado por la UNESCO (1996) en su informe Delors.
En los albores de este siglo signado por la aparición muy particular de las TIC, destacamos la importancia del tránsito de una sociedad de la información a otra bien llamada del conocimiento, caracterizada por asumir que no es suficiente el comunicar información, sino que es preciso ir a la producción y reflexión en torno a ésta, de tal modo que signifique conversión del conocimiento en factor crítico para el desarrollo productivo y social. Así, el conocimiento se convierte en parámetro del nuevo orden social que aboga por la formación de ciudadanos y ciudadanas creativos y poseedores de capacidad crítica-reflexiva para afrontar estos retos.
Estos cambios vertiginosos nos conducen a otra forma de ver el mundo, a nuevos comportamientos y uso de lenguajes, lo que exige a todos grandes esfuerzos llenos de visiones, esperanzas y proyectos futuristas, en aras de lograr transformaciones profundas traducidas en mejor calidad de vida. Por ende, este rol le corresponde a los docentes: la formación de nuevos ciudadanos y ciudadanas con capacidad crítica y creativa a la par de una conciencia ciudadana. En consecuencia, los requerimientos de esta sociedad del conocimiento nos detienen a pensar: ¿quién debería ser este profesional?, y ¿cuáles competencias pudiera tener? Algunos teóricos darían respuestas precipitadas y hasta sesgadas en uno u otro ámbito del saber y hacer. Definir un perfil de este "constructor de voluntades" representa una tarea compleja, que pudiera tener sus creadores en teorías y modelos que explican desde indicadores y rasgos basados en conocimientos y disciplinas abstractas hasta llegar a concebir el perfil basado en competencias tal como se asume en el proyecto Tuning (2000).

Tobón, Rial, Carretero y García (2006) refieren una visión compleja y abarcadora, entendida como ese desempeño integral idóneo que demuestra el individuo en variados contextos y engloba las dimensiones afectiva-motivacional, cognitiva y actitudinal. Esta concepción de competencia implica una conformación holística entramada de componentes y características de un ser humano que construye significados para interpretar esa realidad social en la cual se desenvuelve. Sería valioso considerar el manejo de lo que significa la formación por competencias en los escenarios latinoamericanos, donde aún está tan arraigada una concepción tecnicista cargada de rasgos muy positivistas que se apartan del accionar del docente como ser social.
Tales aportes teóricos permitirán enfocar diseños curriculares dinámicos, multidimensionales y complejos, que partan de la investigación en contextos reales actuales, los cuales nos permitan asumir una realidad muy propia y pertinente. La formación docente para este siglo XXI debe estar enmarcada en escenarios de incertidumbre, que conduzcan al docente a poner en práctica habilidades y actitudes para generar posibles alternativas de solución ante situaciones problemáticas que atañen al escenario educativo bien convulsionado de cambios y transformaciones.
La formación docente debe proveer oportunidades e incitar la capacidad creativa para imaginar respuestas en un marco de acción, en el cual no exista la certeza; presentar escenarios complejos de entramados teóricos que brinden un abanico de construcciones posibles e inimaginables, pero que den respuestas a las necesidades emergentes en el ámbito de la sociedad del conocimiento. En este sentido, cabe destacar la convergencia de actitudes y creencias que, aunadas a este contexto histórico, demandan un accionar crítico en tiempo y espacio con connotaciones diferentes.
El abordaje en la formación del futuro docente debe partir de recrear las interacciones entre el conocimiento, el proceso formativo, el desarrollo humano y el contexto para actuar, a fin de garantizar la búsqueda de múltiples y complejas respuestas. Es ahí donde pondríamos mayor hincapié para una formación integral, en la cual tendrá cabida el desarrollo de competencias que le permitan su desempeño en el ámbito de las TIC como protagonistas de estos cambios, además de una dimensión pedagógica.
A partir de una dimensión profesional, la formación del futuro docente encierra el asumir una renovación de saberes, tendentes a gestar el conocimiento más que a transmitirlo como se ha venido planteando. Sin duda, estamos ante el reto de convertir estos saberes en conocimiento explícito y funcional, y evidenciar su aplicación; exige sumar elementos para su formación, que ponga el acento en procesos cognitivos, para un hacer crítico y reflexivo que le permitan trascender más allá de lo operativo e instrumental en el uso de las TIC.
Tal situación implica el posesionarse de herramientas y estrategias que le faciliten mediar entre la tecnología y el estudiante, así como el manejo de competencias comunicativas orales y escritas como herramientas que facilitarán la interactividad en la construcción de aprendizajes mediados por las TIC. Lo expuesto perfila la formación docente en una nueva dimensión que le permita al estudiante adquirir las herramientas cognitivas que le hagan posible acceder, gestar y tomar decisiones en torno a la información disponible ya no en textos, sino en la red, y demandar la puesta en acción de procesos de autorregulación del aprendizaje.
No se trata de reducir la función del docente a un simple disponer o colgar la información, sino de plantearse y cuestionarse ¿cómo integrar herramientas telemáticas a su práctica pedagógica?, ¿cómo diseñar, guiar o evaluar el proceso de aprendizaje realizado con el soporte de las TIC?, y ¿cómo ayudar a sus estudiantes para autogestionar su aprendizaje? Todo esto requiere cambios en el enfoque de la formación del docente que van más allá de la nueva capacitación instrumental básica para el manejo de las TIC; demanda el conocimiento de lenguajes visuales, flexibilidad, autonomía y compromiso con su hacer diario y accionar pedagógico.
No obstante, en este momento histórico que vivimos quizá no sea tan determinante ubicar con precisión cuáles serían los lineamientos para la formación del docente, quien realmente nos compete en este tratado; va mucho más allá de ver el diseño del perfil por competencias como inscritas en el marco de la interacción entre su formación y vinculación al aparato productivo. De ahí que se perciba al docente como ese profesional altamente competitivo y productivo, ligado a una evaluación del desempeño que se enmarca en parámetros de eficiencia y calidad.
Al respecto, interesa ubicarnos en posturas más humanísticas, como la de Camperos (2004), al plantear que un perfil cuyo asidero esté en las competencias debe ir a la par de una educación ciudadana, responsable con el otro, en la cual los principios de solidaridad y convivencia sean afines a la necesidad de desarrollarse como persona que se perfila a su autorrealización. Para profundizar: la formación del docente requerido hoy día, más que enmarcarla y delinearla en un desempeño laboral profesional, debe reflejar el comportamiento de un ser como ciudadano integral poseedor de conocimientos, habilidades, actitudes y valores que trasciendan su misión para enseñar a vivir con autenticidad, como lo manifiesta Pérez Esclarin (1999): educación en valores.
Representa, ante todo, una formación en valores morales y ciudadanos que involucren compromiso social con su país, Venezuela. Expresa consustanciarse con las problemáticas sociales que nos atañen, de tal manera que pueda dar alternativas de mediación; que manifieste capacidad de sensibilidad para interpretar realidades y emprender acciones en pro de solucionarlas. Al ser así, qué difícil es tener que aceptar que más allá de usar un lenguaje prescripto para sus competencias instrumentales adaptado a las exigencias de la era de la globalización, centrado en paradigmas, enfoques epistemológicos, hermenéuticos, pensamiento complejo, constructivismo y TIC, se requiere una condición humana en la que los valores sean pilares fundamentales para accionar en esta sociedad.
Es importante ubicarnos en una sociedad que demanda cambios, donde lo valioso es el capital humano que pueda dar calor al frío de estas innovaciones propias de avances científicos y tecnológicos. Al respecto, Mertens (1996) plantea la búsqueda del equilibrio en la formación del futuro docente: por un lado, ajustarse a las necesidades sociales, personales y empresariales y, por otro, el designio de la realidad contemporánea global. No implica apartarnos del ser humano, de sus intereses y su sentir; por el contrario, es acercarnos a él mediante acciones de respeto y convivencia en escenarios diferidos en tiempo. Este planteamiento invita a adentrarnos a la realidad subjetiva e intersubjetiva para comprender la sociedad del paradigma tecnológico signado por la producción cultural que circula por Internet, tal como lo ha expresado Castell (2000). No obstante, es éste el momento de reto para que los docentes afronten que las nuevas tecnologías representan evolución y progreso, con base en la connotación de que generan avances científicos y técnicos posibles, gracias a la reducción de obstáculos tiempo-distancia.
Al respecto, es indudable la pertinencia para despertar procesos de reflexividad y autonomía personal en nuestros docentes, quienes son los más llamados a orientar a los ciudadanos y ciudadanas que construirán una sociedad más justa en la que existan escenarios para la participación, transformación y desarrollo de éstos. Atendiendo a este horizonte, el reto está dado; más allá de una concreción mecanicista en su formación, debe extenderse una dimensión axiológica que favorezca su perfil personal profesional cada vez más armónico, personal, social y trascendental en escenarios de cambios y complejidad.
Esto implica que, más allá de concebirlo como el conocedor y poseedor de saberes en una disciplina específica, él es un ser humano con toda la complejidad que envuelve el término, con razón, mente, espíritu, sentimientos, intereses y expectativas. En tanto que tales planteamientos sean el norte para entender el perfil del docente de este siglo, se precisa argumentar que dejaríamos a un lado la concepción pasada de un profesional conocedor y transmisor de un conocimiento, egresado de una institución educativa con capacidad para buscar un empleo en un área tan compleja como lo es la educación; es entenderla desde una visión integradora que no sólo está centrada en la producción y gestión del conocimiento, que aborda el investigar para ubicarse en acción–conocimiento– información y uso de nuevas tecnologías al servicio del quehacer pedagógico; más aún, es llegar a ser un crítico, reflexivo de su práctica para ahondar en lo que está haciendo y darle un sentido ético y moral. Implica, por ende, el desarrollo de un plan de crecimiento personal; de emancipación profesional, en cuya acción refleje valores como libertad, paz, equidad, amor, respeto, solidaridad, responsabilidad y honestidad, así como compromiso con su entorno social.

Ahora bien, no tendrá sentido el llegar ahí sin propugnar qué se está haciendo. Para que el perfil del docente sea efectivamente una aproximación a lo expuesto, existen propuestas claras y sustentadas en visiones más cercanas a nuestra realidad venezolana, como la de Díaz Barriga (2004), quien plantea la formación de docentes a partir de temáticas emergentes en el currículo, como multiculturalidad, desarrollo sustentable y sostenible, responsabilidad social y ciudadana, y perspectiva de género, considerándose en su formación inicial como en la permanente, que atiende a la profesionalización. Lo valioso está dado por el compromiso que asumamos en reformas educativas que deben comenzar por la formación del docente para hacerla pertinente a estos nuevos tiempos. Es hora de ver, concebir y hacer de la docencia un acto de reflexión-acción, en el que nos perfilemos a gestar el conocimiento en nuestros entornos educativos, cuestionarnos y de construir el currículo, como lo decía Restrepo (2005), haciendo retrospectiva de lo que hemos estado haciendo. ¿Cómo hacer para mejorar mi práctica pedagógica diaria?
Todo esto encierra estar dispuesto a la crítica constante de lo que hacemos; sentarnos a compartir en círculos de acción docente, en colectivos pedagógicos, en grupos de coordinación de cursos, como le llamamos en nuestro contexto, para debatir aspectos relevantes y significativos de nuestro quehacer docente. Es proponer nuevas maneras de enfocar nuestro accionar en los ambientes de aprendizaje. Finalmente, lo crucial está en replantearnos y recrear el ejercicio docente con las consecuencias que acarrea esta decisiva tarea de preparación de talento humano, y adentrarnos en la búsqueda de nuevas visiones y enfoques en la formación del docente que aspiramos en nuestras sociedades.
En atención a lo anterior, se debe aprender e construyendo el rol del docente. García (2004) manifiesta que a lo largo de la biografía educativa se han asumido diferentes versiones del accionar docente que dieron respuesta al contexto histórico del momento, pero que aún permanecen en el escenario educativo sin pertinencia a estos tiempos de cambios. Urge quitarnos las máscaras de la certeza, para partir desde la incertidumbre a fin de reencontrarnos y reconstruir la relación con alumnos, conocimiento y realidad contextual.
Lo anterior implica que la formación del docente se ha venido manejando en tres tiempos pedagógicos: investigar, enseñar y formarse (Pérez, 1999); bastaría detenernos en este último para profundizar en esa dimensión del ser, y hacer de este discurso una acción de reflexión y autoevaluación de cada uno de nosotros, en pro de liberar y orientar nuestra voluntad a la ordenación de acciones más cónsonas con el sentir y querer aventurar en un mundo de la docencia, a partir de establecer relaciones y modos de calidad de vida, en la cual los escenarios del diálogo, la dialogicidad y los espacios intersubjetivos hagan posible tal realidad.
Restaría aceptar que, a pesar de ser la docencia una de las profesiones más dinámicas en cuanto a necesidades de transformación individual y colectiva, tal como lo mantiene Alves (2003, p. 12), es quizá la más conservadora para aceptar los cambios emergentes en su contexto, no obstante la creencia en su actitud crítica para interpretar la realidad y plantear propuestas de solución en nuestras sociedades.
CONSIDERACIONES FINALES
Estamos ante un panorama que induce a retos en los que lo fundamental radica en interpretar el papel que juega la creación del conocimiento en la búsqueda de alternativas que fortalezcan a los países para alcanzar su desarrollo económico, social y cultural. ¿Cuáles serán esos retos? La educación representa una alternativa viable para la superación de brechas en pro de un mejor bienestar social. ¿Cuál debe ser el currículo?, ¿desde qué enfoque asumirlo para dar respuestas a estos cambios educativos propugnados por la sociedad del conocimiento?, y ¿cuál debe ser el perfil del docente para esta sociedad?
Dar respuestas a estas interrogantes implica fijar postura de acuerdo con múltiples factores, que van desde la concepción de la educación, el currículo y sus respectivos componentes, específicamente los actores, docentes y estudiantes. Es indudable que la educación representa un factor crucial en esta transformación social, en virtud de que permitirá la formación de competencias en el ser humano para el logro de una comunicación efectiva en la que prevalezca la capacidad crítica y creativa para interpretar la información y traducirla en conocimiento, a partir de una herramienta fundamental que es el lenguaje.
En este contexto global signado por el valor otorgado al conocimiento como factor crucial para lograr transformaciones sociales en pro de una mejor calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas que transitamos en este siglo XXI, le corresponde un reto decisivo a los constructores de sociedad, los bien llamados "docentes". El compromiso estará dado por las respuestas de universidades creadoras de este talento humano, tendentes al logro de una formación integral en las dimensiones afectiva-motivacional, cognitiva y actitudinal. A la par, este perfil debe concatenarse con una formación para el ejercicio de la ciudadanía responsable en los diferentes contextos en donde se desempeñará.
Es necesaria, asimismo, una dimensión profesional que implique el poder posesionarse de herramientas y destrezas para acceder, gestar y tomar decisiones en relación con la información disponible en la red. Esta sociedad del conocimiento trae consigo nuevos modelos para aprender, en los cuales la responsabilidad recae en el alumno, situación a ser considerada para infundir en el docente una autonomía en aquellos actos en los cuales tendrá que tomar decisiones sobre qué quiere aprender, cómo y cuándo, con qué objetivos e intensidad.
No bastaría formar al docente de este siglo XXI con competencias tecnológicas para manejar las TIC; es importante acentuar un perfil humanístico que le confiera cualidades y principios cónsonos a una sociedad que pareciera apartarse de acciones y hechos protagonizados por el ser humano y, por ende, impregnada de principios inherentes a su desempeño, como actitud de respeto, libertad, honestidad, equidad, compromiso y solidaridad con el otro.
También se hace imperativo abogar por alternativas de formación docente tendentes a soportar transformaciones para afrontar los retos en la preparación del talento humano que la sociedad del conocimiento requiere. Implica dejar a un lado viejos esquemas y modelos transmisioncitas y lineales en la formación de docentes, e involucrar nuevos diseños curriculares abiertos, interdisciplinarios y holísticos que "enseñen a pensar", que tiendan a desarrollar la capacidad de reflexión crítica y creativa del individuo sobre su propio accionar en pro de cambios sociales trascendentales.



Mtro. José Justo Elías Rosario Díaz